Debemos restaurar la confianza pública

Yo me acuerdo cuando Wisconsin disfrutaba de una reputación de gobierno limpio y decente. Teníamos fe en que la confianza pública era inviolable. No cuestionábamos la integridad de nuestras elecciones y eliminamos los impedimentos para la participación en nuestra democracia. La transparencia en el gobierno se daba por hecho y los ciudadanos tenían voz en cómo elegían a sus representantes electos. Respetábamos los derechos de negociación del convenio de los trabajadores para establecer estándares más altos para las protecciones de los trabajadores y proporcionar mejores salarios y beneficios para todos. La confianza, la transparencia y el respeto deben ser restaurados.

Esta es una elección muy significativa puesto que la próxima legislatura decidirá cómo se determinan nuestros distritos electorales. Wisconsin debe adoptar un modelo imparcial con respecto a la redistribución de distritos para garantizar que las elecciones sean competitivas y hacer responsables a los representantes electos a sus electores. Sobretodo, los votantes no deben encontrar ningún obstáculo entre ellos y las urnas. La votación es un deber cívico y, como tal, nos obligamos ampliar las oportunidades de los votantes.

Las instituciones públicas existen para el bien común y no podemos permitir que el avance hacia la privatización continúe sin cesar. La privatización de entidades del gobierno se erosiona la confianza que depositamos en los funcionarios públicos que toman decisiones políticas basadas en la ciencia, evidencia y perspectivas históricas. Las normas razonadas no son intrínsecamente “anticomerciales”, sino nivelan el campo de juego y promueven la competencia ordenada. Las instituciones públicas y privadas pueden coexistir si confiamos en que el bien común siempre sea el mayor objetivo.